Skye Hammerfall
Cartablanca. Orígenes.
El ascenso enrevesado, sutil e incesante de Skye Hammerfall en la sociedad de Kul Tiras se remonta al año 29 D.P. Skye volvió a su hogar después de una década en Forjaz, con un humor siempre presente y una sonrisa perenne. Su primer trabajo en el puerto fue en una compañía de estibadores. La chica siempre tuvo facilidad para hacer amistades y contactos ya que era extrovertida, animada y alegre. Enseñó a muchos estibadores a jugar a las cartas y a otra infinidad de juegos de azar y mesa que aprendió jugando con los enanos Barbabronce y rápidamente se ganó la confianza y amistad de muchos siendo la amable muchacha del puerto.
El punto de inflexión fue el día en el que le ofrecieron transportar un paquete cuadrado, grande y marrón a Fuerte Libre. Se trataba de droga, concretamente flor de paz, polen de sirena y otras sustancias estupefacientes. La chica se negó de primeras, pero taimada y ágil mentalmente Skye propuso un trato al grupo de traficantes: ella podía hablar con la guardia portuaria para que hicieran la vista gorda y que el grupo de vendedores pudiera zarpar rumbo a Fuerte Libre. A cambio, ella recibiría un pellizco de dinero mucho más grande del propuesto. El grupo aceptó imaginando que solo les costaría un poco más de dinero contentar a la inocente chica del puerto y fue una sorpresa para ellos cuando fueron incautados minutos después de darle el pago a Skye. Parece ser que la muchacha los delató una vez tuvo el dinero. Fue fácil para ella llevarse parte del cargamento del barco antes de que la guardia lo confiscara.
Fue así como empezó todo. Con una traición o, como ella lo vería siempre, un acto de bondad. Ese paquete nunca llegó a Fuerte Libre. De hecho, empezó a esparcirse por el barrio pobre de Puntagarfio. Allí Skye se hizo fuerte, en la taberna “Cañón Suelto” y empezó a tontear con algunas bandas criminales, algunas organizadas y otras no tanto, para trabajar y hacer compraventa de sustancias variadas y exóticas. La mayoría de ellas provenían del continente y se vendían bastante bien, pues Kul Tiras desconocía muchas de estas. Otras se cultivaban allí mismo, en Valle Canto Tormenta. No era fácil atravesar las aduanas y fronteras, así que Skye tuvo que ingeniárselas de muchas y variadas formas para poder traficar mejor con el cargamento.
Pero Skye siguiendo la tradición familiar quería llegar mucho más alto que una simple traficante. Ella sabía que la droga era un negocio arriesgado y no vitalicio, así que necesitaba dar un golpe sobre la mesa en los suburbios y llamar la atención de algo mayor o ascender. Y cuando menos lo esperaba, la situación idónea sucedió justo delante de sus narices.
En una noche de invierno, gélida y nevada -y ya es extraño a tan poca altura de mar- mucha gente se reunía en el Club Alga en la ciudad de Boralus. El Club Alga era un cuchitril frecuentado por criminales, maleantes, prostitutas y traficantes. Toda la calaña de la baja sociedad y el lumpenproletariado. Skye solía estar en esa discoteca los fines de semana junto a un grupo de amigos, pasándoselo bien entre risas y apuestas en las peleas clandestinas y sin experiencia de los borrachuzos de la zona. Ese sábado era un día importante: Don Roca celebraba su matrimonio con una señora de lo más adecuada para “El Manatí”.
Don Roca era conocido en la ciudad por ser un perla. Era un hombre grasiento y corpulento, de mirada turbia y ojos vacíos, de mandíbula cuadrada y algo deformada. Sus dedos, gordos como salchichas, tenían las uñas mordidas casi constantemente. Y sin embargo estaba podrido de dinero. Se dice que era el contacto de una corporación criminal más allá del charco, del continente. Pocos llegaron a conocer el nombre de Don Roca, pues éste le provocaba una vergüenza atroz: Perry.
Pero esa noche no era una noche vergonzosa, no. ¡Esa noche se celebraba la despedida de soltero de Don Roca! casado después de muchos años con una chica de lo más exótica, igual de tuercebotas que él. Creían que ambos gobernarían la ciudad, pero no dejaban de ser unos criminales de poca monta con gente a sus pies y ambición, pero sin mucha cabeza.
Los bailes, las bebidas y los excesos estaban a la orden del día. O de la noche, más bien. Skye estaba en una de las mesas bebiendo y jugando a las cartas. Era un juego sencillo, para beber y pasárselo bien. Cada jugador tenía pegada una carta en la frente, visible para el resto de jugadores pero no para él. Viendo las cartas del resto tenías que apostar si la tuya era mayor o no. Quien tenía la peor carta, bebía una copa por cada jugador. Claramente habían otras formas de jugar al mismo juego, así como las hay en casi todos los juegos conocidos.
Una vez el grupo estuvo borracho las cosas solo fueron a mejor: las apuestas regaban la taberna; camorras, juegos de cartas, drogas y sexo. El Club Alga no daba más de si para contentar a tanto maleante. Humildemente Skye se puso a jugar al póquer con un grupo y su pericia y suerte fueron tales que no tardó en llamar la atención de otros con el argumento de que hacía trampas, cosa que era completamente mentira.
Skye Hammerfall nunca había hecho trampas en el póquer. Ni en ningún otro juego. Simplemente nació con suerte. No obstante su buen juego la llevó a sentarse en una mesa con Don Roca en persona, quien tras muchas horas de juego y con una buena bolsa de monedas moviéndose de un lado a otro de la mesa en intensas jugadas de escaleras y tríos, acabó siendo desplumado por la muchacha. Skye Hammerfall había derrotado al “Manatí” en una pelea limpia y, encima, llevándose todo el dinero que Roca llevaba encima.
Eso fue un golpe duro para Don Roca, que se marchó apresuradamente del Club acompañado de su prometida. La reputación de Skye desde ese día se disparó en Puntagarfio y se ganó a pulso -y a escaleras reales- el sobrenombre de “Cartablanca”. En honor y memoria de ese día, Skye se tatuó una escalera de color a la espalda.
Esa noche fue la última noche que Skye tentó a la suerte jugando a las cartas con grandes apuestas detrás. Desde entonces solo tiene los juegos de azar como un mero entretenimiento o en pequeñas apuestas o trueques.
Con el colchón de dinero recaudado el resto del trabajo fue pan comido. Skye pudo permitirse contratar a gente para que trabajara para ella y poder hacerse así con más mercancía y más beneficios y, en definitiva, más flujo de dinero. Mientras que en el resto de la ciudad era sencillamente Skye, la chica del puerto, en cuanto pisaba Puntagarfio todo el mundo reconocía en su rasgado deojo a “Cartablanca”, la mujer que desplumó a Roca.
En el distrito de Upton, un anciano mecenas se sintió atraído por el carisma y sed de poder de la muchacha. El trato que tuvieron aún es incierto, pero poco después Skye empezó a residir en una casa de dos pisos y almacén en la parte más rica y cuidada de la ciudad. El anciano, de nombre Arlo Thorn, murió de vejez poco tiempo después.
Con el tiempo, Skye ha ido dejando de lado el tráfico de sustancias estupefacientes de forma directa y se ha adentrado en un sistema un tanto curioso: las peleas clandestinas. Algunos de los nobles más corruptos del lugar, lejos de poder sentir la adrenalina del combate pero igual de sedientos de ver a dos hombres combatir, insuflaron dinero a Skye a cambio de que esta encontrara luchadores natos para las peleas.
La chica aceptó con una sonrisa encandiladora y rápidamente sacó tajada. Las peleas clandestinas solían celebrarse los sábados en Puntagarfio, pero con el tiempo los horarios y los lugares han ido cambiando. La guardia está estrechando el círculo en esas reuniones clandestinas y a veces los grupos de camorristas se alejan de Boralus.
Skye se adentró en muchos negocios y eso hizo que su imagen se viera más rápidamente publicitada. Sin embargo a día de hoy la guardia sigue sin haber dado con pistas o pruebas para acusar a Skye de todo lo que ha podido o no hacer. Al tratarse de alguien tan carismático, Skye es la promotora de lucha de todos los aventurados guerreros que pelean en su camorra.
Se dice que últimamente con la llegada de continentales y tantos viajeros nuevos trabaja junto a un grupo de compañeros falsificando papeles y documentos para que la gente pueda adentrarse en la ciudad. No obstante eso no sale gratis a las personas, que muchas veces se ven obligadas a devolverle el favor a Skye o a pagarle una buena suma de dinero.
Pese a todo esto, la reputación de Skye sigue intachable. A día de hoy nadie se ha dignado a traicionarla por extraño que parezca y nunca ha tenido problemas con la guardia, zafándose con sencillez de cualquier asunto turbio. Sabe moverse muy bien entre los callejones y se conoce Boralus como la palma de su mano.
No obstante las ambiciones de Skye no terminan aquí y muchos apuntan a que está expandiendo, con mucho cuidado, su mercado y negocios al continente, siendo su objetivo principal Ventormenta.