Thorn

Wilhelm

Los pasos decididos del joven hidalgo lo llevaban a recorrer aquellos oscuros y húmedos pasadizos otra vez. La lluvia gilneana se oía repiquetear contra el tejado de la casa de los Thorn.
"Apresuraos, joven Wilhelm" decía el mayordomo Bret. Su voz áspera aunque gentil sonaba en eco a lo largo y ancho del hogar de la familia, una casa solariega de tres pisos, con desván y sótano.
Pero era la casa precisamente lo que el hidalgo Thorn dejaba atrás. Wilhelm, apodado "El Apuesto" por su atractivo rostro, tuvo una vida feliz y despreocupada en el lluvioso reino de Gilneas. Su padre Nate combatió en las Guerras Trol poco antes de la disolución del Reino de Arathor y, con el tiempo, se instalaron en Gilneas.

Pero las nuevas corrían como la pólvora. Una nueva isla estaba esperando a ser explorada, y los Thorn no iban a ser menos valientes que otras familias. El joven Wilhelm, de veinte años en ese entonces, salió de la casa cargando una gran mochila a la espalda. Llevaba puesta la armadura negra hereditaria de su familia y se le veía preparado para cualquier cosa. Frente al carromato esperaba Bret, el mayordomo cuarentón estaba subido ya al vehículo y esperaba a Wilhelm para arrancar.
El viaje a Puerto Quilla se hizo ameno y rápido. Wilhelm se pasó todo el trayecto pensando en la fama, la gloria y la reputación que ganaría en aquella isla. Después de su romance con la encargada de los caballos, Amber -mantenido en secreto por toda la familia a pesar de los rumores que se esparcían- aún se esperaba un matrimonio por parte del único heredero de los Thorn después de la muerte de su hermano Brann de una misteriosa forma mientras ambos chicos jugaban. Y su hermana Lionne ya estaba casada y no iba a heredar nada a decisión de su padre, un hombre patriarcal y conservador.

El trote de los caballos finalmente acabó, y cuando Wilhelm bajó del carromato se encontró con las preciosas vistas del puerto; estibadores cargaban provisiones a una carabela cuyo nombre rezaba "La Santa", niños jugaban en la plaza del pueblo y algunas mujeres salían a tender la colada.
Un hombre de cabello oscuro, mirada relativamente pérfida y una pata de palo se ajustó el sombrero de capitán y miró a la gente que iba subiendo al barco. El capitán Velar, un gran marino que trató de recorrer todo mar navegable y que fundó un imperio de viajes oceánicos.

Ciertamente de un momento a otro Wilhelm se encontraba en la embarcación, descargando sus pertenencias al lado de una hamaca en la que viajaría junto a otro conjunto de exploradores y aventureros. Muchos lo reconocieron, y otros tantos no tardaron en hacerse amigo de él.
El viaje fue complicado. Las tormentas marinas forzaron que el capitán tuviera que capear la tormenta de mala manera, y durante el trayecto se perdieron algunos personales que por suerte no incluían ninguno de Wilhelm.

Finalmente allí se encontraban, en una isla montañosa, peligrosa y completamente desconocida; Kul Tiras. El lugar en el que llegó a parar la expedición de Wilhelm se llamó después Drustvar, pues una raza primigenia conocida como los Drust habitaba ese escabroso y rocoso lugar. Las colinas y los bosques de Drustvar rápidamente se tiñeron de rojo en una cruenta batalla entre los invasores humanos y los agigantados hombres de la zona.

Tras varios años de conflictos, después de un período difícil de marcar, los humanos salieron vencedores de la guerra y rápidamente empezaron a lamerse las heridas, trayendo aún más exploradores y pobladores para investigar la isla y construir en ella.

Pocos años después surgió Soto Corvo. Reconstruida en las ruinas de una antigua aldea drust por las manos desnudas de Wilhelm y sus compañeros. Durante la guerra, Wilhelm se enamoró de una chica; Addie Golden.

Pese a la actitud igual de patriarcal y conservadora que su padre, y tras algunos eventos de abusos físicos y sexuales hacia Amber, Wilhelm no pudo más que arrodillarse a los pies de Addie, una brava guerrera gilneana que combatió contra los drust de una forma que pocas personas podrían haber llegado; se dice que Addie Golden llegó a derrotar a cinco gigantes ella sola con su espada. Sea como fuere, después de la guerra, ambos se casaron y Wilhelm perdió el apetito otrora tóxico, tornándose poco a poco en un hombre mucho más racional y apacible.

Se insinúa entre familiares que cuando una chica Thorn tiene un gran temperamento y una fuerte actitud, es porque la sangre de Addie corre por sus venas.

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Harriet

¡A vuestra derecha, salida de las alcantarillas de Boralus y crecida en el barrio más marginal de Boralus, Trixie!”

Los vitoreos por la mendiga eran varios, aunque todo el mundo sabía de su contrincante y las apuestas iban diez a uno.

¡Y a vuestra izquierda, siempre preparada para un combate y nativa de la tierra lluviosa de Gilneas, Darlene!”

Ambas camorristas salieron a la zona de combate, que estaba delimitada por una serie de estacas que podrían perfectamente clavarse en la espalda de las chicas en caso de caer en ellas. Veía a los apostadores moverse de aquí para allá con sus bífidas lenguas y promesas de oro y a Skye subida en un pequeño trono desde donde gritaba a plena voz cómo avanzaba el combate. Le comenté a mi hermano que Trixie iba a morder el polvo. Quise fijarme en las luchadoras por un segundo.
Trixie llevaba el cabello rapado por ambos lados y una trenza larga que llegaba hasta la cintura, de color cobrizo. Tenía los ojos vacíos y estaba prácticamente en los huesos, aunque se encontraba sorprendentemente tonificada. Iba prácticamente desnuda excepto por un par de harapos que le cubrían el pecho y el bajo vientre.

Darlene vestía de una forma sencilla e informal, con ropajes de cuero. Su cabello era pelirrojo, como el mío, aunque el suyo apenas tenía brillo. Tenía una mirada orgullosa y en general me recordaría a mí… si me hubiese dedicado a eso.

Harry” una voz me llamó y dejé de analizar a las combatientes durante un rato. Era Hans, uno de los guardaespaldas de Skye. Aunque esta no solía llevar protección en la ciudad y sabía apañárselas sola, durante una camorra era bastante fácil atentar contra ella. Pero para ello tenía al cachalote de Hans.
Hans era un hombre de dos metros, fornido y calvo. Su barba frondosa era su único vello facial y se adelantaba fácilmente hasta el pecho. La multitud de cicatrices a lo largo y ancho de su cuerpo delataban una vida complicada y beligerante.

No me acuerdo exactamente qué me dijo, así que no sería relevante. Volví a fijarme en el combate para ver que la mendiga tenía a Darlene contra una de las estacas, a punto de clavarla. Me relamí los labios, excitada; la favorita perdiendo y además a punto de morir. Me alegré de no darle importancia a las palabras de Hans y me agarré a los barrotes que separaban las gradas de las estacas, vitoreando y animando a matar a la gilneana. Llamé la atención de parte del público, pero no me importó. La escena lo requería.

No obstante Skye recordó con su siempre presente garbo y ánimo que las peleas esa noche no eran a muerte y que suficiente tenía ya prohibiendo el uso de armas. La mendiga dio unos segundos a la gilneana para que se recolocara a desgana, pero está aprovechó la guardia baja para darle un codazo y romperle la nariz a Trixie. Sonreí ampliamente y supe que mi apuesta no corría peligro aunque, si lo hiciera, me daría igual.

El combate no duró mucho más, claramente la mendiga se vio superada y no parecía que pintara nada en esa pelea. Supongo que simplemente quería ganar algo de dinero. Darlene, en cambio, captó la atención de todo el público. Se despidió de los presentes antes de salir de la zona delimitada para reclamar su premio.